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25 de mayo de 2022

El caso de Sudán del Sur, sangre sobre el petróleo

La guerra civil en Sudán del Sur había terminado en 2018 con un acuerdo de paz que unió al presidente Slva Kirr y al vicepresidente Riek Machar en un gobierno de unidad nacional, aunque las relaciones entre ambos siempre permanecieron tensas, cuando solo en 2011 había logrado la independencia de Sudán del Norte.

La guerra civil en Sudán del Sur había terminado en 2018 con un acuerdo de paz que unión al presidente Slva Kirr y al vicepresidente Riek Machar en un gobierno de unidad nacional, aunque las relaciones entre ambos siempre permaneció tensas. Cuando solo en 2011 había logrado la independencia de Sudán del Norte.

Pero este conflicto actual armado se debe ver como una guerra civil entre grupos étnicos rivales, por lo que es preocupante. Entre el 17 de febrero y el 7 de abril de este año se documentó la muerte de 72 civiles, entre ellos dos empleados del grupo humanitario Médicos sin Fronteras y más de 64 casos de violencia sexual, incluso violaciones en grupo. Ahora la ciudad de Leer se encuentra con actos de violencia que incluyen decapitaciones. Estos conflictos se acentuaron luego de que el Vicepresidente acusara al Presidente de infringir una tregua frágil, ahí es donde la violencia se tornó comunal y los grupos étnicos rivales tomaron represalias. El vicepresidente es nuer y el presidente es de la etnia dinka.

Este conflicto toman a las mujeres y niñas como trofeos de guerra, y son sometidas a violaciones masivas, embarazos forzados, torturas, esclavitud y otras brutalidades. Todo mientras el país avanza en la hambruna devastadora.

Sudán del Sur es el país más joven del mundo, ya que se independizó en el 2011 y este alberga el 80% de las reservas de petróleo del viejo Sudán, siendo el tercer país en mayor reserva de petróleo en el África Subsahariana, con una producción de 3.500 millones de barriles anuales y además se calcula que 90% de sus reservas de gas y petróleo aún no han sido explotados. Pero los líderes de Sudán del Sur desvían la mayor parte de las ganancias dejando a más de 11 millones de personas sin servicios básicos y en hambruna en muchos casos.

Esto abre a la espera de la peor crisis de hambre, el 70% de la población de Sudán del Sur tendrán que intentar sobrevivir al pico de escasez este año, además de los niveles de inseguridad alimentaria causados por el conflicto, la crisis climática, la corrupción de sus líderes, las consecuencias de la pandemia y el aumento de costos por la inflación.

La ONU a parte de condenar los hechos actuales de violencia en la ciudad de Leer, alertó “Particularmente en riesgo se encuentran decenas de miles de sursudaneses que ya están gravemente hambrientos tras sucesivos y continuos choques y podrían morir de hambre sin ayuda alimentaria”.

Mientras tanto el negocio del petróleo se ve mejor que nunca con el aumento de precios más grande de los últimos años. Siendo un excelente negocio y con muchas ganancias para países que producen de estos productos pero ese no es el caso de Sudán del Sur donde esos beneficios no llegan a la población, se quedan en los bolsillos de los líderes dejando a la población con hambre y enojada causando mayor violencia en busca de mejorar sus vidas y en contra de todo lo que se les tope enfrente.

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