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18 de abril de 2021

Sobrecarga de trabajo y pérdida de ingresos: el saldo de la pandemia para la Mujer Paraguaya

En esta fecha conmemorativa, analizamos la situación laboral de la población femenina del país, desde los legados culturales históricos hasta los desafíos que impone el nuevo orden mundial. La economista Verónica Serafini, de Cadep, comparte sus apreciaciones sobre los pasos que todavía debemos dar como sociedad para avanzar en temas de género.

La guerra contra la Triple Alianza llamó a las mujeres a defender a la patria y en su honor se instauró al 24 de febrero como Día de la Mujer Paraguaya – en homenaje a la Primera Asamblea de Mujeres Americanas, celebrada en 1867, ocasión en que mujeres de la capital y del interior del país entregaron sus joyas para colaborar con la causa de la contienda –.

Más de 150 años después, un nuevo evento sumamente adverso – la pandemia de COVID-19 – vuelve a colocar a las mujeres en una situación de esfuerzo y sacrificio que deben realizar, esta vez para proteger sus hogares y a la vez ser parte de la reactivación económica.

En Paraguay, la emergencia sanitaria está dejando un saldo de mujeres sobrecargadas de trabajo, al haber tenido que contener y asistir a la familia en los meses de cuarentena, en un ambiente en que la disparidad de las labores domésticas por género es una problemática de larga data.

A estas dificultades le sigue ahora un retorno al empleo – en coincidencia con la reapertura de la actividad económica –, pero que no es remunerado en el caso de varias mujeres paraguayas.

La economista Verónica Serafini, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), comparte con MarketData su apreciación sobre estos temas y menciona los desafíos que se combinan desde los legados culturales históricos hasta la situación que impone el nuevo orden mundial, en materia de género.

– ¿Qué nuevos desafíos está trayendo la pandemia a la inserción laboral y profesional de la mujer paraguaya?

Los desafíos son antiguos. Lo que necesitamos son nuevas políticas, mejores y con enfoque de género.

En primer lugar, que visibilicen el trabajo que las mujeres realizan y su rol en la reproducción social: el trabajo doméstico no remunerado, el trabajo de cuidado. En segundo lugar redistribuir ese cuidado: se requiere mayor esfuerzo del Estado en atención a la primera infancia, educación inicial, jornada escolar extendida, cuidado especializado para personas mayores o con alta dependencia. También, una educación en valores poniendo la igualdad en el centro: el mayor compromiso de los hombres en el trabajo no remunerado.  

– ¿Qué problemáticas históricas se están agravando en este nuevo contexto y en cuáles de ellas hay oportunidades para ser superadas, en el ambiente de recuperación económica que se prevé para nuestro país?

Yo creo que ante la pandemia hay muchas oportunidades, pero eso requiere un nuevo contrato social, en el que reconozcamos las profundas desigualdades que tenemos y que la pandemia visibilizó: la desprotección frente a una enfermedad o la pérdida del empleo, la precariedad del sistema educativo y de salud, y la falta de conectividad que no afectó a todos por igual, sino que aumentó las brechas. La desigualdad en el sistema judicial: mientras unos se casan haciendo demostración extrema de impunidad, la mayoría pelea por sacar adelante sus actividades en medio de restricciones de aislamiento. 

Las mujeres volvieron al empleo el trimestre pasado pero sin remuneración, y muchas mujeres urbanas volvieron al sector rural. En muchos casos, la recuperación del empleo no fue con ingresos, entonces hay que tener cuidado con eso de que se recupera el empleo: se está recuperando el empleo, pero no los ingresos, hay que tener mucho cuidado con las estadísticas.

– ¿En qué modalidad de trabajo se da este retorno al empleo pero sin ingresos?

Hay una categoría que se llama “trabajador familiar no remunerado”, ahí se fueron muchas mujeres. Son mujeres que, por ejemplo, están en una empresa familiar, están en la caja; o en la agricultura familiar, muchos jóvenes, pero que no tienen ingresos: el papá, el fin de semana si necesitan algo, les da algo. Son muchísimas mujeres, son como 100.000 mujeres que volvieron, más en el sector rural.

– Con la experiencia de la cuarentena y las familias que debieron pasar más tiempo en sus casas, ¿cómo se pudo haber reconfigurado la distribución de tareas tanto productivas como de cuidado del hogar, y qué rol asumieron aquí las mujeres?

Yo creo que no hubo reconfiguración, sino más bien profundización de los roles, aumentando la carga de trabajo en las mujeres y violencia intrafamiliar, ambos problemas pre-existentes y exacerbados en la pandemia.

El cierre de las escuelas afectó mucho, porque toda la educación pasó a cargo de la madre. En general, uno ve que los padres se involucran con los hijos cuando ya son más grandes, a partir de los 13, 14 o 15 años más o menos; pero antes de eso son fundamentalmente las mamás y ahí fue donde hubo más sobrecarga. También en el trabajo doméstico, porque no es lo mismo que los niños vayan a la escuela y trabajen en la casa mientras están solas, que estén todo el día, todos los días, toda la familia en la casa, eso tuvo que haber aumentado el tiempo.

Ese aumento no fue solamente en tiempo dentro de los hogares, sino que afectó también al mercado, porque si tienen a todos los niños en la casa, las mujeres que trabajan por cuenta propia por ejemplo ya no tiene condiciones de salir a trabajar.

«Hay una doble consecuencia: por un lado, la sobrecarga de trabajo; y también, la pérdida de ingreso».

Verónica Serafini, economista.

– ¿Cómo considera que nos encontramos como país en materia de políticas públicas para la igualdad de género y las oportunidades para el crecimiento económico que puedan surgir a partir de ellas?

En este ámbito tenemos grandes déficits. Si bien contamos con un Plan de Igualdad y muchas leyes, estas no se operacionalizan en programas ni la gestión pública es eficaz en la incorporación del enfoque de género en las políticas económicas.

Esto se ve claramente en la cantidad de denuncias que hay en las redes sociales de incumplimiento de las normas laborales, en la baja cobertura de la seguridad social, de la feminización de la pobreza en el sector rural, en la discriminación salarial y, en general, en cualquier indicador económico tradicional, ya que las mujeres siempre presentan brechas con respecto a los hombres. 

Este modelo económico no fue eficaz para generar empleos de calidad ni recursos tributarios para financiar políticas públicas. Hoy Paraguay invierte alrededor de la mitad del promedio regional en casi cualquier ámbito y un tercio o menos de cualquier país desarrollado. Con estos niveles de inversión es muy difícil que podamos tener una fuerza de trabajo altamente capacitada, políticas industriales que generen empleos de calidad, capacidad para agregar valor a las exportaciones.

No solo necesitamos un nuevo contrato social para garantizar el Estado social de derecho que establece nuestra Constitución, sino también definir qué necesitamos producir para mejorar el empleo de las mujeres, también de los hombres y de la juventud en particular, para aprovechar el bono demográfico.  

– Atendiendo al lugar que ocupó la mujer a lo largo de la historia paraguaya, ¿qué funciones sigue cumpliendo, a modo de continuidad de las tradiciones y transmisión cultural generacional, y qué otros roles va explorando en la sociedad, de la mano también del mayor acceso a información y el contacto con otras culturales que propician las innovaciones tecnológicas?

Creo que tenemos que hablar de múltiples mujeres. Hay mujeres campesinas, mujeres indígenas, mujeres jóvenes, todas ellas con aspiraciones y modos de vida diferentes. Hay quienes quieren permanecer en el campo, otras que vienen a la ciudad buscando la “modernidad”, hay quienes deciden tener hijos y trabajar solo en la casa, otras que decidieron no tener hijos, otras que migran al exterior y un día deciden volver. Independientemente de la edad, el lugar en el que viven, la etnia, las innovaciones tecnológicas deben estar accesibles a todas, así como en general todas las condiciones que permiten una vida digna.

Paraguay debe superar esa marca que está en todos los ámbitos, que es la desigualdad.

Perfil

Nombre: Verónica Serafini Geoghegan

Formación profesional: Doctora en Economía

Trayectoria profesional: Investigadora miembro de Cadep. Se dedica al análisis en ramas de Ciencias Sociales, Economía y Negocios, Economía, Econometría; Desigualdad, pobreza, trabajo, género; Economía Feminista, Política fiscal y desigualdad, y Financiamiento del desarrollo.

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