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15 de junio de 2024

Una cerveza colombiana hace frente a la «satanización» de la coca

Bogotá, 26 ene (EFE).- Desde el departamento del Cauca, donde los cultivos de coca se extienden por millares de hectáreas, la comunidad indígena nasa reivindica una mata para ellos milenaria y que pese a haber sido convertida en negocio ilegal lucha contra la «satanización» con diversos productos, entre ellos una cerveza.

La coca no solo tiene potencial en materia culinaria, también en términos medicinales y otros usos: «Para nosotros la hoja de coca es una bendición porque nos ha quitado el hambre, la sed, el cansancio, el dolor del alma y el dolor físico», alaba Fabiola Piñacué, del pueblo nasa.

A finales de los años 90, Fabiola empezó a vender «paqueticos» de coca en la Universidad Javeriana, donde estudiaba, a 1.000 pesos (20 centavos de dólar de hoy) para «el dolor del alma de las muchachas y para trasnochar para estudiar», cuenta en una entrevista a EFE.

Para 1998 ya había constituido la empresa con la que quería dar a conocer la coca más allá del resguardo: Coca Nasa.

Ahora, el catálogo de productos de la empresa Coca Nasa se ha expandido más allá de la cerveza y el refresco de coca: galletería, ungüentos, infusiones y licores en una compañía que ya emplea a 20 personas, además de tener una fábrica en Bogotá donde transforman la hoja de coca y un centro de acopio en el Cauca donde le compran a los campesinos sus cosechas de la planta.

LA RECETA DE LA COCA POLA

Su producto estrella es la Coca Pola. En un juego de palabras que incluye la forma colombiana de referirse a la cerveza (pola), esta bebida alcohólica a base de coca se ha convertido en referente para otros usos de la mata más allá de la pasta base para la cocaína.

Oriunda del resguardo indígena de Tierradentro, en el Cauca, Fabiola se considera una «negociante desde las raíces ancestrales con la hoja de coca, porque la hoja de coca siempre ha sido la moneda para el pueblo nasa» para el que representa «la economía del centro de la economía», detalla.

«Yo venía de la cultura de la hoja de coca y cuando llegué a Bogotá me encuentro que hay un afán por desaparecerla. Frente a esa persecución lo que hago es ponerme al frente de todo el mundo» para convencerlos de que «la hoja de coca es un alimento y se puede construir la paz alrededor» de ella.

La empresaria quiso compartir «con la otra sociedad no indígena» este conocimiento a través de una «propuesta muy sana, muy tranquila, muy desde las raíces de ancestrales y muy nuestra».

Fabiola y su empresa traen del Cauca la hoja deshidratada, ya que es «lo máximo que podemos hacer allá por las circunstancias de transporte y de logística», relata.

PERSECUCIÓN Y CUESTIONAMIENTO

Luchar contra la «persecución y el cuestionamiento» de la coca es lo que trata de hacer Coca Nasa con sus productos. Desde siempre la sociedad occidental se ha preguntado por qué los indígenas «hemos mambeado y masticado» coca, relata Fabiola, para añadir que «ahora se la quieren arrebatar para hacer ellos todo lo que nosotros ya sabemos hacer».

Ese no es el único desafío al que se enfrentan los indígenas nasa pues la prohibición de la coca a raíz de su uso para el narcotráfico les ha supuesto una persecución que han sabido resistir innovando y reivindicando sus tradiciones.

La propia Fabiola fue detenida en 2010 en Neiva, capital del departamento del Huila, por transportar unos bultos de coca tostada.

«Prohibir ha sido un error porque cuanto más prohíbes más arraiga», asegura Fabiola, quien apunta a una problemática bastante compleja: «El abandono total del Gobierno ha implicado que las comunidades campesinas acudan a la hoja de coca en las formas (ilegales) a las que llegó».

Colombia, en camino hacia una paz duradera, busca transformar la coca sembrada en el país en algo positivo y provechoso para campesinos e indígenas que se han visto arrastrados a la ilegalidad con esta mata. Fabiola es el ejemplo de que «la mata que mata», como la definía una campaña oficial, en realidad no mata.

Laia Mataix Gómez

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