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21 de abril de 2024

Pandemia, guerra e inflación: La desglobalización y la mayor volatilidad de las divisas

Los últimos eventos mundiales, como la irrupción del COVID-19, el conflicto Rusia-Ucrania y la respuesta de los bancos centrales a la escalada de precios, conducen a la economía global a un proceso de regionalización.

Se habla de que la guerra en Ucrania podría ser el ataúd de la globalización. Esta guerra tiene todos los ingredientes para ser un clavo decisivo para la globalización ¿Por qué? 

Es un punto de inflexión que empuja a la economía mundial de la globalización a la regionalización. Garantizar el suministro y la transformación de materia prima es uno de los principales desafíos actuales, y mantener la cadena de producción. 

También, desde que la pandemia golpeó al mundo nos hemos alejado del modelo globalizado, en donde se puede crear materia prima en un país y transformarlo en otro sin restricciones. 

El índice Global Supply Chain Pressure, del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, mide los costos del transporte global y la cadena de suministros, comentando que nos encontramos en los niveles más altos en la historia del índice.

En consecuencia, estamos visualizando variaciones dramáticas en los tipos de cambio real. Inclusive, si el yen se debilita y Japón continúa con la inflación más baja que los Estados Unidos, pero con los costos mencionados tan altos, la continuidad de la pandemia y las restricciones en la cadena de suministro, es difícil que el comercio no se debilite en términos reales y hoy tendríamos la volatilidad en alerta. 

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Otro acelerador para la alta volatilidad de la moneda proviene de las tasas de política de los bancos centrales, que son impulsadas por economías internacionales. 

Las experiencias que vivimos como mundo, la pandemia y las vacunas, fueron eventos que vivimos de forma compartida internacionalmente; por lo tanto, los bancos centrales tomarían decisiones iguales para salir de la incertidumbre, con las decisiones de las grandes economías, eso hizo una divergencia en decisiones. 

Esto es muy normal luego de una crisis como la que vivimos. Las economías reaccionan e intentan hacer frente a las incertidumbres y a las cargas de deuda que tuvieron debido a la pandemia. 

Un periodo de volatilidad que vivimos globalmente fue en el periodo entre 2011-2017, por las crisis de la deuda soberana europea y el Brexit. En 2017, estas fluctuaciones de la moneda disminuyeron, pero ahora estamos en un periodo al que se puede llamar “macrodivergencia”. 

El cierre de la semana pasada fue alentador para el dólar, tras conocerse las cifras de empleo de Estados Unidos. Estos resultados fueron mejores de los esperados por la administración de Joe Biden y alcanzaron valores previos a las restricciones del COVID-19.

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En los últimos días el precio de esta oleaginosa alcanzó el nivel de los USD 630 por tonelada y se ubicó por encima de los valores observados durante los meses anteriores y también de lo registrado a lo largo del año pasado. Factores como la sequía y el contexto geopolítico influyen en este aumento en el valor del citado producto.

Analistas afirman que, si bien esta tendencia alcista mitigará la caída en el ingreso de divisas por la menor producción, esto no a alcanzará tener un impacto decisivo en la merma de la economía en su conjunto que de todos modos se verá afectada por situación de incertidumbre de la producción primaria.