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5 de agosto de 2021

El Chaco paraguayo: De la defensa del territorio a la oportunidad de la producción sustentable

La región Occidental todavía adolece de varias carencias, principalmente en infraestructura de servicios básicos, y se mantiene como la zona menos poblada del Paraguay. Al mismo tiempo, busca abrirse camino en la vida productiva y cuenta con un importante potencial para erigirse como ejemplo de producción sustentable.

En conmemoración de la Paz del Chaco, analizamos las condiciones socioeconómicas en que se encuentra este territorio y las oportunidades que brinda para un mayor desarrollo. Conversamos con el historiador Herib Caballero Campos sobre los desafíos que persisten en esta parte del país y lo que significó para nuestra historia la contienda bélica con Bolivia.

Hace 86 años culminaba la contienda bélica que nos llevó a defender el territorio chaqueño de los intereses bolivianos. La Guerra del Chaco dirigiría la atención del país hacia un terreno considerado impenetrable y hasta hostil, por sus características naturales y su historia de escasa atracción para el crecimiento demográfico.

Varios de estos elementos siguen presentes pues, al compararla con la región Oriental, la calidad de vida que se ofrece a su población todavía dista bastante de alcanzar niveles óptimos para propiciar un mayor desarrollo.

La región Occidental reúne a los departamentos con las mayores extensiones territoriales, pero con las menores densidades poblacionales del país, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Su superficie es de 246.925 km2, el 60% del territorio nacional; pero alberga a apenas 205.207 habitantes, que suman el 3% de la población total del Paraguay.

Entre las características de esta población, el INE destaca que en el Chaco se han asentado prósperas colonias menonitas, específicamente en la zona central, así como extensos establecimientos ganadero.

Sin embargo, reconoce que persiste una importante cantidad de habitantes indígenas “en proceso de deculturalización y desintegración tribal, proletarizados en lo que fueron las grandes empresas obrajeras y tanineras del Chaco y, asimilados hoy a las industrias menonitas”.

Así también, se refiere al extenso segmento de peones rurales, que determinan un porcentaje importante de población con altos niveles de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI).  

La Guerra del Chaco y su implicancia en nuestra historia

El enfrentamiento bélico entre Paraguay y Bolivia marcó un momento en que se prestó especial atención al Chaco, y dejó lecciones muy importantes para la conducción política y económica de nuestro país.  

El historiador Herib Caballero Campos recuerda que la contienda empezó como un conflicto de límites y terminó convirtiéndose en un conflicto de posesión por el territorio. Pero desde antes, este territorio exhibió un carácter diferente a lo que se vivía al otro lado del río Paraguay.

“El Chaco, desde tiempo inmemorial, fue un territorio considerado agreste por su clima, su característica; además, los pueblos indígenas que habitaban ese territorio nunca se sometieron al imperio español, a pesar de que hubo distintos intentos tanto bélicos como misionales, y eso no se pudo lograr. Por lo tanto, siempre fue un territorio considerado irreductible”, relata.

Agrega que, a fines del siglo XIX, con la instalación de empresas transmineras, estas fueron buscando distintas estrategias para ir introduciéndose dentro del territorio chaqueño. Por su parte, las misiones salesianas-católicas y las misiones anglicanas comenzaban a hacer su tarea evangelizadora, y de esa forma fueron incorporando a algunos de los grupos de los habitantes originarios chaqueños.

En ese contexto, explica que cuando se forman los estados nacionales de Bolivia y Paraguay, comienza esa disputa que primero fue entre Paraguay y Argentina -que terminó con el laudo que le concedió a Paraguay el territorio entre el río Pilcomayo y el río Verde, en 1878-; y después ya entre Bolivia y Paraguay, en el marco de la cual hubo varias negociaciones.

“No se pudo lograr que esas negociaciones concluyesen satisfactoriamente para ambas naciones, por lo tanto, se enfrentaron bélicamente”, detalla.

Herib Caballero resalta los pequeños enfrentamientos de patrullas que se desataron ya desde antes de 1932 y que el primero tuvo un voluptuoso resultado: la muerte en 1927 del teniente Adolfo Rojas Silva. El conflicto finalmente estalla de 1932 a 1935; para el Paraguay significó un total de 33.000 muertos y de 60.000 a 70.000 para Bolivia.

“El conflicto significó una sangría importante de los recursos que tenía el Estado paraguayo, pero el Estado paraguayo hizo los esfuerzos necesarios para poder prepararse para ese conflicto: calificó a los jefes, que fueron enviados a misiones de estudios, se compraron armamentos, se dotó de una fuerza aérea que no teníamos hasta ese momento, con instructores franceses. Fue un esfuerzo colectivo de toda la sociedad, encabezada por la campaña armamentística”, asevera el historiador.

Estampa impresa en Paraguay alrededor del año 1930, con el mapa correspondiente al periodo de la Guerra del Chaco.

Experiencia diplomática

La Guerra del Chaco concluyó con que, del territorio que teníamos controlado en 1932 al territorio que controlamos en 1935, nos quedamos con 2/3 partes del territorio disputado, sigue contando Caballero Campos.

Reconoce que, si bien hubo personas que no estuvieron satisfechas con las negociaciones del Tratado de Paz en 1938, porque se entregó un territorio a Bolivia, era porque este país presionaba con que si no se le daba lo que pedía, iba a empezar un nuevo conflicto. “Y Paraguay ya estaba totalmente exhausto en cuanto a sus recursos”, sostiene.

“El Chaco es una lección de que, si se combina inteligencia, voluntad y decisión patriótica, se puede lograr positivamente el objetivo”.

Herib Caballero Campos, historiador.

Deudas pendientes

El historiador advierte que el Chaco sigue siendo el territorio con menos infraestructura del país en cuanto a políticas públicas. Salvo la zona de las colonias menonitas y Villa Hayes -que está cerca de la ciudad capital-, reclama que el resto del territorio chaqueño no cuenta con suficientes hospitales, escuelas adecuadas ni caminos de todo tiempo.

De hecho, en la región Occidental se encuentra entre el 4% y el 4,7% de las instituciones educativas del nivel básico, mientras que para la educación media está presente apenas el 3,4% de los centros de enseñanza del país, según datos del Anuario Estadístico 2018 elaborado por el INE.

Oportunidades de producción sustentable

El historiador Herib Caballero coloca a la producción sustentable como una oportunidad que se abre para el posicionamiento del Chaco como un modelo de desarrollo, además de la importante producción ganadera con la que ya cuenta y la cuenca lechera que se ha consolidado con los menonitas.

“Es un territorio muy particular donde hoy, con el desarrollo de la conciencia ecológica, es necesario aprender de las lecciones del pasado. El Estado debe tener una mayor presencia en todas sus áreas, de manera que el Chaco pueda ser incorporado efectivamente al sector productivo, pero con respeto al entorno natural se pueden combinar ambos aspectos y puede significar una fuente de ingresos”, propone.

“Puede ser una oportunidad de un manejo responsable, sustentable, que permite que esos sectores de población -principalmente la indígena, que es la más pobre y la más olvidada- pueda tener mejores oportunidades de vida; e incorporar un territorio que hasta hoy en día es el menos densamente poblado de la República del Paraguay”, añade.

En el sector productivo, la Región Occidental busca abrirse paso en varios rubros. Se destaca la ganadería, con 6,1 millones de ganado bovino existentes en el año 2018, el 45,3% de las cabezas de ganado registradas a nivel país.

En cuanto a la agricultura, los siguientes productos tienen presencia en el Chaco

Maní:

  • 8.720 hectáreas cultivadas (33% de la superficie total cultivada en el país)
  • 13.085 toneladas de producción (46,7% de la producción total del país)

Algodón:

  • 2.100 hectáreas cultivadas (22,1% de la superficie total cultivada en el país)
  • 4.177 toneladas de producción (22% de la producción total del país)

Sorgo para grano:

  • 4.810 hectáreas cultivadas (15,5% de la superficie total cultivada en el país)
  • 17.297 toneladas de producción (16% de la producción total del país)

Sésamo:

  • 1.481 hectáreas cultivadas (4,9% de la superficie total cultivada en el país)
  • 796 toneladas de producción (4,4% de la producción total del país)

Batata:

  • 101 hectáreas cultivadas (2% de la superficie total cultivada en el país)
  • 893 toneladas de producción (1,7% de la producción total del país)

Poroto:

  • 987 hectáreas cultivadas (1,3% de la superficie total cultivada en el país)
  • 789 toneladas de producción (1,2% de la producción total del país)

Caña de azúcar:

  • 37 hectáreas cultivadas (0,03% de la superficie total cultivada en el país)
  • 1973 toneladas de producción (0,03% de la producción total del país)

Maíz:

  • 445 hectáreas cultivadas (0,03% de la superficie total cultivada en el país)
  • 1929 toneladas de producción (0,03% de la producción total del país)

Mandioca:

  • 142 hectáreas cultivadas (0,07% de la superficie total cultivada en el país)
  • 1.267 toneladas de producción (0,03% de la producción total del país)

Soja:

  • 5.315 hectáreas cultivadas (0,15% de la superficie total cultivada en el país)
  • 10.562 toneladas de producción (0,09% de la producción total del país)

Año agrícola 2017/2018

Fuente: Anuario Estadístico 2018 – INE

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